No hay nada más frágil que las palabras

«Las palabras se las lleva el viento», y no es una frase hecha porque sí, pocas cosas son más ciertas que ésta. Las palabras son frágiles, son tan débiles que con un susurro se pierden, pero a la vez son tan dañinas, tan ilusionantes, y tan decepcionantes, que hay que empezar a cambiar el «chip» y quedarse sólo con los actos.

Fuente: akifrases.com
Fuente: akifrases.com

¿De qué sirve un «lo siento» si no se demuestra? ¿de qué sirve un «te quiero», si sólo se que queda en eso? ¿de qué sirve un «cambiaré», si serás siempre igual? Cuántas decepciones, por las palabras, pero la culpa no es suya, es mía, por caer una y otra vez, por creer sus palabras, que tan bien quedan al salir de su boca.

En ese momento piensas, que tonto, que realmente tonto soy, volver a caer, creer que esta vez sí, y no esperar a que se demostrara. A mí me ha pasado muchas veces, y me sigue pasando. Es obvio que pueda pasar, porque también resulta que las palabras son las mejores embaucadoras que hay.

Uno se promete, ya está ni una más, no te puedo creer más. Ya son demasiadas veces que fallas tu palabra, y que me fallas a mí. Pero nada, otra decepción más. Es necesario cambiar de estrategia, ya está bien de marketing, y eslóganes que confunden los sentimientos. 

Es la hora de los actos, de las pruebas reales, no me voy a fiar más, tus palabras no corresponden tus acciones, y ya me cansé. Es lo mejor que se puede hacer, ya os dije hace poco lo difícil que era esperar un cambio, pero si ese llega debe ser por medio de actos.

El amor propio es esencial, y si alguien te está pisoteando, no puede decir «lo siento», cuando sigue sin levantar el pie. Mi consejo es que jamás te enamores de las palabras, jamás te ilusiones, jamás perdones, y jamás confíes, sólo haz todo esto cuando lo demuestren a la vez.

Si no lo hacen, no te merecen.

 

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